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SANTO DOMINGO 2008 “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré.” (Gen 12, 1)
Muy queridas hermanas; El Señor dijo a Abraham: Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre.
Abraham aprenderá a vivir saliendo de su tierra y de la casa de su padre para ir descubriendo en la vida lo que Dios le enseña. Es un peregrino en busca de la “Tierra Prometida”… Dios le llama y él responde con fe. No siempre le fue fácil creer y esperar. Tiene que superar pruebas muy duras. Todos sus proyectos parecen salirle al revés. La clave de su vida es la obediencia a Dios. Dios sobre todas las cosas… “esperando contra toda esperanza descubre que Dios no falla.” ¡Sal!. Es una orden para Abraham. Y puede ser palabra para definir nuestra vida… Si tenemos fe podremos ver en cada cambio una ocasión para acercarnos y encontrar a Dios. Una posibilidad de convertirnos más a Él.
Abraham es también el hombre de fe que muestra una delicada hospitalidad a los tres “misteriosos” visitantes que se acercan a su tienda, porque en cualquier caminante de paso, descubre y respeta la presencia de Dios. Y Dios le habla a través de estos hombres como símbolo de que Dios, peregrino de Israel, está especialmente presente en aquellos que peregrinan, que llevan el mensaje de Dios a los hermanos.
El Dios bíblico es un Dios siempre en itinerancia, siempre en marcha, que peregrina con su pueblo peregrino. “Yo en persona iré caminando para llevarte al descanso” (Ex 33,14). El peregrinar de Dios queda simbolizado por el Arca de la Alianza que siempre acompaña a su pueblo.
Cuando el pueblo se convierte en sedentario, intenta sedentarizar también a Dios. Por eso David quiere construir un Templo y Dios se opone al principio. Así encontramos en II de Sam 7,5-7: “¿Eres tú quien me va construir una casa para que habite en ella?...”
Ante este Dios itinerante, predicador andante con su pueblo y con los hombres que le fueron fieles, me golpea la mente y el corazón: ¿Qué podemos decir nosotras de nuestra itinerancia actualmente tratando de profundizar en nuestro carisma dominicano misionero después de 75 años de peregrinación?
Nuestro Padre, modelo de itinerancia misionera, nos dejó el carisma bien claro y concreto. No tuvo temor alguno al enviar sus 17 primeros frailes por el mundo conocido de la época. Ante el temor de algunos de los hermanos, su palabra fue firme y segura. Como Abraham, sabía de quién se fiaba y siguió sin miedo su decisión. |