Si perdemos el hábito de la atención y se nos atrofian los caminos del deseo, leeremos textos pero no nos sorprenderá la Palabra, creceremos en ilustraciones pero no en sabiduría, nos consultarán como a peritos, pero no habrá en nuestra respuesta esa vibración que hace intuir bajo ellas un corazón deslumbrador, como el de Pablo y Catalina.
Dejémonos iluminar y madurar por la VERDAD. ¿Qué es lo diferente de nosotras en Pablo y en Catalina? ¿Por qué aquella mujer joven, sencilla e ignorante según los parámetros del mundo, persevera en servir a aquella mantellata en su repugnante enfermedad y aguantando que, lo que debiera ser gratitud, se transformara en oprobios y vejaciones? ¿De dónde saca la fuerza para meterse en la cárcel y guiar hacia la Luz a aquel hombre condenado a muerte y para recibir, con cariño entre sus manos, aquella cabeza decapitada? ¿De dónde sacó el coraje para recorrer los caminos de Europa, enfrentarse a los refinados e instruidos cardenales y defender a la Iglesia en las críticas, la incomprensión y la oposición de todos? ¿Qué la empujo a servir a los apestados, a entrar en medio de las intrigas políticas y odios familiares en una lucha incansable por h'acer vida los Valores Evangélicos: “la Paz, el Perdón el Amor ?
La Palabra nos puede iluminar y dar la respuesta. Releamos la parábola del tesoro en el campo. Aquel hombre que, por necesidad día a día dejaba lo mejor de si mismo en el trabajo duro del campo que le exprimía el sudor y las fuerzas, trabajaba intentando aumentar un poco sus posesiones. Pero un día algo nuevo pasa en su vida, cambió totalmente de actitud cuando su azada y su sudor tocaron el corazón del campo: ¡el TESORO!... No era más fuerte que antes al poder desprenderse de todo... simplemente había descubierto el valor del campo... (Mt. 13, 44~ 46) ¿No es ésta exactamente la actitud de Pablo cuando escribe a los Filipenses? “Pero cuanto tuve por ventaja lo reputo daño por amor de Cristo y aún todo lo tengo por daño a causa del sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor por cuyo amor todo lo sacrifiqué y lo tengo por estiércol con tal de gozar a Cristo” (Fil. 3, 7~8)
¿No será ésta también la clave de Catalina? Ellos, no eran más fuertes, no tenían menos sensibilidad, no eran diferentes de nosotras; solo que eran “Sabios”... En ellos se cumplió, por supuesto, la promesa evangélica: “ Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla y al que llama se le abre...... ¿Cuánto mas vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden ?” (Lc 11,9~10.13)
Este es el punto central de nuestra reflexión. ¿Estamos dispuestas a profundizar y descubrir el TESORO? ¿Estamos dispuestas a dejar nuestras superficialidades para entregar nuestro tiempo a una auténtica peregrinación de profundidad hacia el encuentro con Jesús?
No hay otro camino. O Le encontramos, le saboreamos, le ponemos en el centro de nuestra vida, en el primer lugar de nuestra escala de valores, o seremos, como dice S. Pablo, “los más desgraciados de todos los hombres”, destruyéndonos, llevando una vida insatisfecha e inútil, esclava de nuestros ídolos...
Catalina se dejó abrasar e hizo maravillas además de ser feliz...Pablo giró gozosamente 180 grados su vida, saboreando sin límite la VERDAD encontrada... ¿Qué hago yo hoy? ¿Qué me dice Catalina?
¿Qué me trasmite Pablo?
Que en el día de la fiesta de nuestra gran hermana Catalina, el Espíritu nos dé la sabiduría para descubrir el “TESORO” y gozarnos en darlo todo por El... Jesús es nuestro Tesoro... Que por El podamos, en este día de Sta. Catalina, repetir de nuevo nuestra entrega FIEL, TOTAL, GOZOSA...
Con mi oración y cariño de hermana,
Un abrazo y ¡FELIZ DIA!
Sor Elvira Diez, O.P.
Priora General