Pero este convencimiento no nos exime de nuestra responsabilidad. Hemos de asumir el compromiso de ser sus testigos. No podemos quedarnos mirando al cielo. Hemos de hacernos preguntas: ¿Por qué caminos busca Dios a los hombres de hoy? ¿Cómo quiere hacer presente al hombre de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?
Y podemos hacernos también preguntas más personales: ¿Qué llamadas me está haciendo Dios para transformar mi forma de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe, en orden a favorecer la acción de Dios en la cultura actual? Mi inercia e inmovilismo ¿No serán un freno para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?
Se abre un tiempo nuevo, previo a Pentecostés, Jesús nos manda permanecer juntos: “No os alejéis de Jerusalén; esperad que se cumpla la promesa de mi Padre” (Act 1, 4). Es la semana del Cenáculo, de orar con María, la madre de Jesús, suplicando los dones del Consolador, necesarios “para ser testigos”. De ello depende la fuerza evangelizadora y la obediencia misionera para “pregonar el Evangelio por todas partes” (Mc 16, 20)
Celebramos también hoy una fiesta muy dominicana. Tenemos en Domingo de Guzmán, un modelo de testigo. El, como los apóstoles, “fue a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra”…
Y además Jesús ha hecho la promesa del envío del Espíritu Santo para iluminar nuestra mente, fortalecer nuestra decisión y, sobre todo, ampliar nuestra capacidad de amar.
Esta semana la Iglesia la considera como la semana de preparación de la Pascua de Pentecostés. La semana de sentir la necesidad de alguien que nos fortalezca en nuestros compromisos cristianos. Mantengamos a lo largo de ella ese deseo de que el Espíritu Santo nos inunde, como lo hizo con los apóstoles, Y no lo olvidemos: los apóstoles estuvieron de retiro, reflexionando y orando en torno a María este tiempo entre la Ascensión y la venida del Espíritu Santo.
Acudamos a Ella, para que nos vaya preparando en la oración, a la fiesta de la próxima Pascua, la del Espíritu Santo, Pentecostés.
La Ascensión de Jesús a los cielos es un motivo para vivir como quienes saben la meta del camino, la esperanza indestructible. Jesús dijo: “Me voy a prepararos sitio” (Jn 14, 2).