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Haced “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19), El Domund, como se conoce tradicionalmente esta fecha en la que celebramos la vocación misionera y universal de la Iglesia, viene a recordarnos que los trescientos sesenta y cinco días del año son para nosotras tiempo de misión. Nuestra razón de ser es continuar la misión de Jesús y “anunciar el Evangelio a toda creatura”. Quizá seguimos asociando el día del Domund con la encuestación de calle en calle, hucha en mano, que a veces incluso representaba una cara exótica, pidiendo ayuda económica para los que en entierras lejas carecen de tantas cosas... Inconscientemente, situamos así la misión más allá de nuestras fonteras, y por supuesto, más allá de nuestras vidas.
Siendo realistas hemos de admitir que hay zonas en nuestras vidas necesitadas de Evangelio, de conversión, de ampliar horizontes. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotras un compromiso irrenunciable. El Domund viene a recordarnos, también, a hombres y mujeres que, en nombre propio y en el nuestro, han puesto su vida entera al servicio de la tarea evangelizadora. Y lo hacen incluso arriesgando sus vidas. Extraigo, para nuestra reflexión, algunos párrafos del Mensaje del Papa para esta Jornada Mundial de las Misiones 2009: “Los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es, sin duda alguna ,un servicio que se presta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2) ... la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las Gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto, “la promesa es para todos aquellos que son lejanos, para cuantos llamará el Señor nuestro Dios” (Hch 2,39). La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo no se realice plenamente: “Al presente no vemos que todas las cosas estén sometidas a Él” (Hb 2,8). El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que, incluso antes de ser acción, es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptoris missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución”. Que María Estrella de la Evangelización nos guíe en nuestra acción misionera. |