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CUARESMA, DESIERTO... El desierto “es experiencia que hace creyente al pueblo y le “coloca” el corazón y la esperanza”. La Biblia nos describe el desierto con diferentes significados: lugar de tentación, de silencio de Dios, vacío, soledad... Pero el desierto es también, lugar de oración, de encuentro con Dios, lugar de la la misericordia y fidelidad del Señor a pesar del pecado de su pueblo. Ojalá encontremos durante el desierto cuaresmal que iniciamos, momentos tranquilos para orar, para hacer silencio en el corazón... haciendo experiencia de conversión y conscientes de que donde estamos, y con los que estamos, acontece la salvación… El desierto no es un lugar lejano, está en lo cotidiano… en el trabajo, en el ruido, en los marginados, en los tristes, en los sin hogar… Israel, en su caminar hacia la tierra prometida cede a las múltiples tentaciones que el desierto ofrece. Jesús nos muestra que existe una alternativa distinta: la de resistir firmes en la opción fundamental de la vida, hallando la fuerza para ello en la unión a la voluntad del Padre y el dialogo fecundo con la Palabra a través de la cual Dios se ha revelado a los seres humanos. Cada día la Palabra viene a mi puerta sin hacer ruido. ¿Cuántas veces la he invitado a entrar en casa? Cuando atardece y cae la noche, leo el Evangelio del día y compruebo que esta Palabra se ha cumplido: pasan por mi mente rostros, sensaciones, emociones, decepciones, incomprensiones… ¡lo dejo todo en las manos del Padre! Y me duermo con ilusión renovada y deseos de fidelidad. Al iniciar el tiempo de Cuaresma, escuchamos cada año la exhortación “Conviértete y cree en el Evangelio”. Quizás podamos dudar de la eficacia de estas palabras al experimentar que la conversión a la que aspiramos, no llega. Convertirnos, implica cambiar de óptica y reconocer que el autentico protagonista es Dios. Él es quien nos busca y nos atrae para que volvamos a Él en una entrega filial y confiada en su misericordia. En Él hallaremos el aliento para recorrer gozosamente el camino que nos conduce hacia la Pascua.
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